Fotos: www.carlossoriaalpinista.com
Desde que
en 1968 hiciera cumbre en el Elbruz, llegaron McKinley, Aconcagua, Everest,
Mont Vinson, Carstensz, Kilimanjaro, K2, Broad Peak, Makalu, Manaslu y Lhotse
para acumular 11 ‘ochomiles’. Porque para Carlos la montaña es mucho más que
hacer deporte y volver a casa para ducharte, para Carlos la montaña es un
sistema de vida donde, durante dos meses, convives con un grupo de personas.
Colosos de la naturaleza como el Anapurna, el Kanchenjunga y
el Dhaulagiri le separan de su reto personal y lo va a conseguir. Porque el
mensaje que transmite este DEPORTISTA de 72 años, con mayúsculas, es pura
esperanza. Maneja a su antojo el elixir de la eterna juventud y siete de las
ascensiones las hizo tras cumplir los 65 años. Tenía un trabajo definido como
‘normal’, era un buen tapicero como ha reconocido en alguna ocasión pero
confiesa que siempre será alpinista…es el alpinismo personificado. Responde a
ese perfil de persona que expresa convicción en lo que hace, es de esas
personas que transmite su entrega desde el primer instante.
La próxima parada era el Dhaulagiri y para poder sufragarlo
entró en escena BBVA, Carlos asegura que su aparición fue un auténtico milagro
que posibilita la finalización de su proyecto. El equipo de BBVA no dudó ni un
solo instante porque tiene muy claros los valores que representa Carlos:
integración, compromiso, superación y pasión.
Cuando un hombre como Carlos, padre y abuelo, desprende una
fe tan poderosa da la sensación de ser imparable. Hacer montaña es parte de su
vida y desde que, con solo 14 añitos, descubriera la Sierra de Guadarrama lo
tuvo claro. Como suena en la película Pequeñas
Grandes Amigas, “toda historia tiene un final, pero en la vida cada final
es un nuevo comienzo” y cada escalada es un nuevo inicio para un espíritu combativo
y luchador como el de Carlos Soria.



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